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La Biblioteca de Celso se comenzó hacia el año 114 d. C. por Tiberio Julio Aquila en memoria de su padre, Tiberio Julio Celso Polemeano, senador romano y gobernador de la provincia de Asia. Celso fue enterrado en un sarcófago bajo el edificio, que es así a la vez biblioteca y tumba monumental.
La fachada de dos pisos, con columnas y hornacinas, se diseñó para parecer más grandiosa que el edificio que tiene detrás. Las estatuas de las hornacinas personifican la sabiduría, el conocimiento, la inteligencia y la virtud; las actuales son copias, pues los originales se conservan en Viena.
Se cree que la biblioteca albergó miles de rollos. Los daños del siglo III y terremotos posteriores derribaron la fachada, y en el siglo XX los arqueólogos la recompusieron con las piezas caídas. Colóquese ante ella e imagine la plaza a la que daba.
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